Reflexiones en torno al ejercicio de la ciencia económica en tiempos de Revolución Bolivariana

Reflexiones en torno al ejercicio de la ciencia económica en tiempos de Revolución Bolivariana

Cuando much@s asumieron que con la disolución del bloque soviético se impondría el “fin de la historia” y la eternización del sistema capitalista, a escala planetaria y sin ningún tipo de resistencia, en Venezuela se iniciaba un nuevo ensayo socialista que reafirma su vigencia para la humanidad, pero con particularidades propias y contextualizada por el mundo de hoy; entendiendo que toda revolución es inédita.

Para identificar los elementos que definen el complejo proceso dialéctico que hemos venido transitando, debemos extraer la esencia de la venezolanidad en las profundidades de nuestra historia, sintetizada en la doctrina bolivariana y su significado actual. Asimismo, se requiere examinar críticamente las tesis de los grandes exponentes del socialismo, elaboradas en sus respectivas épocas y bajo condiciones muy específicas.

Desde los tiempos de Marx hasta nuestros días, se ha desarrollado un sólido cuerpo teórico para demostrar y desmontar la razón de ser del capitalismo. Sin embargo, en lo que no se ha podido dar un aporte de similar envergadura es en relación a las características y funcionamiento del tipo de sociedad que deberá sustituirlo, a pesar de los enormes esfuerzos realizados y experiencias habidas.

Donde es más evidente esta cuestión ha sido en el terreno de la economía, convirtiéndose en el principal reto para los estudiosos de esta ciencia social que tenemos inclinaciones o convicciones revolucionarias; más aún en el momento transicional que nos ha tocado vivir.

Es aquí donde se presenta una disyuntiva de dimensiones insalvables. Cuando intentamos ofrecer algunas opiniones, propuestas o medidas sobre distintas problemáticas, terminamos entrampados entre unas posiciones políticas e ideológicas auténticamente transformadoras y un pensamiento económico esencialmente conservador del orden imperante.

Pareciera que no tenemos conciencia o costara reconocer que en realidad hemos sido formados “científicamente” y con todo un instrumental técnico solo para comprender, justificar y reproducir la lógica del capital, bajo el manto “aséptico” de la teoría económica.

¿Qué hacer para resolver esta contradicción, que impide marchar en la dirección deseada? Comenzar por admitir su existencia, cuestionar la formación “académica” que de manera encubierta nos impusieron y emprender un camino distinto en la producción de conocimientos; a los fines de construir el sistema económico socialista del siglo XXI, que le proporcione viabilidad política a la Revolución Bolivariana.

Esto pasa por reivindicar el carácter social de la economía, lo cual supone su democratización y humanización, como instrumento para lograr una sociedad organizada a partir de la solidaridad, sustituyendo el paradigma occidental del bienestar individualista por el Buen Vivir, como nuevo modo de vida civilizatorio.

La clave para abordar este enfoque debe girar en torno a la consolidación de la democracia participativa y corresponsable, que convierta al pueblo en Poder Popular y de sujeto social al actor económico medular del sistema, con un conjunto de valores y una nueva racionalidad en función del interés colectivo. Esto solo será posible si creamos las condiciones para provocar su insurgencia, a partir de unos elevados niveles de organización, conocimiento, conciencia y compromiso revolucionario. Si la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, su alcance debería abarcar todos los ámbitos de la actividad económica.

Tenemos que ser capaces de superar un modo de producción cuyo fin supremo es la generación e injusta apropiación de la ganancia empresarial, y que reduce todo a la simple condición de mercancía, aprovechando su actual crisis estructural para despejar el signo y naturaleza de la transición, así como descifrar las opciones concretas que ella nos ofrece.

El Ché afirmaba que no se puede construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo, para lo cual era absolutamente necesario la creación del hombre nuevo. A su vez, y parafraseando al maestro Simón Rodríguez, no puede haber socialismo sin socialistas. Ambos planteamientos son perfectamente válidos para los economistas que pretendemos incorporarnos a esta trascendental obra humana.

En tal sentido, convocamos a una necesaria reflexión colectiva en torno a estas y otras consideraciones, de manera que podamos estar a la altura de las expectativas de un pueblo del cual formamos parte, en su largo y difícil proceso de liberación.

Asumir esta responsabilidad histórica se convierte en un impostergable e ineludible desafío intelectual. El debate está abierto…

Camilo Rivero
Economista

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