El 15 de septiembre de 1953 falleció en Caracas el General Isaías Medina Angarita, luego de regresar de Nueva York (Estados Unidos), donde estuvo exiliado después su derrocamiento, el 18 de octubre de 1945.

Nació en San Cristóbal, estado Táchira, el 6 de julio de 1897, hijo del General Rosendo Medina y de Alejandrina Angarita. El joven Isaías, tras la muerte de su padre, en una de las múltiples refriegas de finales del siglo XIX, es enviado a la Escuela Militar. Allí se destaca en el proceso de profesionalización del ejército que se desarrolla bajo el mandato de Juan Vicente Gómez. Hombre de talento, desempeña diversas funciones de comando y docencia, tanto en centros de formación militar como en escuelas y liceos de Caracas.

Fue profesor de castellano en la Escuela de Aspirantes a Oficiales y de Educación Física en las Escuelas Federales de Caracas, en la Escuela Normal de Hombres y en el Liceo Andrés Bello; al tiempo que integró diversos movimientos culturales, relacionándose con otros intelectuales y docentes. En este período, fue nombrado Jefe de Servicio de la Dirección de Guerra del Ministerio de Guerra y Marina, donde conoce al General Eleazar López Contreras.

En 1936, López Contreras lo nombra titular del Ministerio de Guerra, cargo que ocupará hasta que, una vez concluido el mandato de aquél, su nombre apareciera como sucesor lógico en la primera magistratura. Su estrecha relación con el gobierno anterior, su condición de andino y militar, así como su compromiso con las reformas democráticas, lo convierten en el candidato ideal. En el año 1940, resultó electo por el Congreso Nacional para la Primera Magistratura con 120 votos, contra los 13 obtenidos por su opositor Rómulo Gallegos, asumiendo la presidencia en mayo de 1941.

El general Medina Angarita fue un brillante militar civilista, que defendió la libertad de expresión y permitió la libre actividad de los partidos políticos, incluyendo al Partido Comunista de Venezuela. Asimismo, promulgó una Reforma Constitucional, uno de los logros más importantes de su administración, otorgándose por primera vez el derecho al voto de las mujeres para la elección de los diputados del Congreso de la República, lo que hasta ahora solo estaba reservado para los hombres. Sin embargo, recibió críticas por no haber realizado reformas radicales que permitieran el sufragio universal, directo y secreto para la elección presidencial. En 1942 aprobó el Impuesto sobre la Renta, según los métodos fiscales más modernos para el momento, y antes había hecho lo propio con la Reforma de la Ley Petrolera.

Como hecho anecdótico, podemos mencionar que durante su mandato se instauró el proceso de cedulación en todo el país, correspondiéndole el número uno en su documento de identidad.

La figura de Medina ha sido alta y justamente revalorizada por la reciente historiografía venezolana. Su talante democrático, las reformas liberadoras que impulsó y los innegables logros de su gestión han permitido darle un reconocimiento cada vez mayor. Medina Angarita es el último de los Presidentes militares y andinos que ejercen el poder desde la llegada de Cipriano Castro en 1899. Así se cierra el círculo del “Dominio Andino” y de los hombres directamente asociados a la Revolución Libertadora y al gomecismo.

Después de cuatro años de un gobierno de amplitud, no pudo sortear la crisis política que los grandes cambios reclamados por el país y los diversos intereses generaron. Medina Angarita fue derrocado el 18 de octubre de 1945 por una coalición entre la Unión Patriótica Militar, liderados por Marcos Pérez Jiménez y el partido Acción Democrática, dirigido por Rómulo Betancourt.

En su último mensaje al Congreso, el 21 de abril de 1945, Medina dijo: “He contribuido, con toda la medida de mis fuerzas, a hacer efectiva la justicia social y la libertad del ciudadano y, hoy como ayer, puedo decir que por mi voluntad ningún compatriota sufre de prisión, ni se halla alejado de la tierra natal”.

Una vez derrocado, es enviado al exilio. En 1952 sufrió un accidente cerebro-vascular en Nueva York, por lo que se le permite, ya muy disminuido físicamente, retornar al país, falleciendo un año después, a los 56 años de edad. Su cuerpo está enterrado en el Cementerio General del Sur.

Con la llegada de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y, posteriormente, con los gobiernos puntofijistas, laagenda de la justicia social, las libertades políticas y las ideas progresistas serían abandonadas, hasta la llegada de la Revolución Bolivariana, donde es reivindicado social e históricamente.

 

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Caracas

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