Hoy se conmemoran 33 años del asesinato de Indira Gandhi, quien fuera lideresa y Primera Ministra de la India por 15 años. La hija única del político independentista Sri Pandit Jawaharlal Nehru, tuvo entre sus más destacados logros la férrea lucha para la erradicación de la pobreza y la victoria sobre Pakistán en 1971, que dio paso a la independencia de Bangla Desh.

 Originaria de la población de Allahabad, al sur del estado de Uttar Pradesh, Indira nació y se educó en un período crítico del camino hacia la independencia de la India. Los problemas políticos, económicos, étnicos y religiosos estaban a la orden del día, al tiempo que contrastaban y se integraban con la mística y fina sensibilidad política de Mohandas Karamchand Gandhi, a quien el célebre poeta Rabindranath Tagore llamó Mahatma, que quiere decir alma grande. Los padres de la joven hindü eran fervientes seguidores de esta forma de afrontar la realidad, así compartieron el amor y la liberación por pueblo indio.

Durante sus estudios en Oxford, Indira se reencontró con un viejo conocido de la infancia, Feroze Gandhi, quien iba a la Escuela de Economía de Londres. En 1942 se casan y meses después regresan a la India, donde son encarcelados por sus actividades políticas.

En 1950 La India se convierte en República, la popularidad alcanzada por Jawaharlal Nehru, debido a su importante participación en el proceso de independencia fue tal que, tras el asesinato de El Mahatma, asume como Primer Ministro del naciente país. Indira, que ya había asumido el apellido de su esposo, seguía y participaba muy de cerca en la gestión de su padre, con una postura crítica y desarrollando poco a poco un proyecto para un país marcado por la pobreza heredada del sistema colonial.

Tras la muerte de Nehru en 1964, todo indicaba que ella asumiría el poder. Sin embargo, fue designado Lal Bahadur Shastri, quien duró poco tiempo en el cargo, ya que murió en 1966, luego de firmar en Tashkent, la Unión Soviética, un acuerdo que ponía fin a la guerra estallada meses antes entre la India y Pakistán. Nueve días después, Indira fue elegida Primera Ministra, lo que marcó un hito de la historia de la India, al ser la primera mujer que ocupaba un cargo de tan alta responsabilidad. Este hecho hizo que los comentaristas internacionales la catalogaran como “la mujer más poderosa del mundo”.

Durante su primer año tuvo que afrontar la última de una serie de duras sequías, que en gobiernos británicos habían dejado millones de muertes. La lideresa del pueblo se ocupó especialmente del problema y, a pesar de las dificultades y privaciones, nadie murió de hambre en 1966. Organizó socorros masivos y respaldó plenamente los esfuerzos de los científicos agrícolas para la aplicación de nuevos métodos de cultivo intenso. El resultado fue la llamada revolución verde, que permitió al país lograr el autoabastecimiento de cereales.

Esta capacidad para afrontar las difíciles circunstancias la convirtió de forma indudable en la sucesora del Mahatma Gandhi y de Jawaharlal Nehru. Durante sus años de gestión supo ganarse la confianza de los sectores populares, que la denominaron Desh Sevika, es decir, servidora del pueblo.

A nivel interno, la tarea de la sucesora de Gandhi no le fue fácil, en un país con más de 12 lenguas fuertes, múltiples etnias y religiones. Sin embargo, su liderazgo le permitió mantener unida a la nación, que dio sus primeros pasos hacia el desarrollo, lo que a la larga la convertiría en una potencia emergente.

Estados Unidos, bajo la figura de Lyndon Johnson, no tuvo problemas con el mandato de la líder del pueblo indio. Pero a la llegada de Richard Nixon a la Casa Blanca, todo cambió, debido al inicio de una era anticomunista, que vio a la India como aliada de la Unión Soviética.

Los enemigos políticos internos y externos de Indira Gandhi tomaron este asunto a su favor, iniciando una campaña mediática que la hacía ver como una figura autoritaria. Así, luego de un breve tiempo de haber perdido el máximo cargo del país, retornó gracias a su habilidad política y el masivo apoyo del pueblo. Sin embargo, ésto no detuvo a sus detractores, quienes el 31 de octubre de 1984 la asesinaron de 30 disparos, en complot con dos de sus escoltas, al salir de su casa en Nueva Delhi. Los dos asesinos acabaron muertos, uno tras la detención y otro años después, tras ser condenado.

Una vez más, diferencias étnicas sirvieron de caldo de cultivo para acabar con la vida de una las lideresas más emblemáticas de la India. El legado de Indira Gandhi y su presencia en el pueblo, e incluso a nivel mundial es innegable. Una India potencia, libre y soberana.

 

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Caracas

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