Consideraciones sobre el nuevo enfoque de integración económica para los países del Sur Global

* Econ. Camilo Rivero. Ponencia presentada en el Seminario Internacional: Norte de África y Asia Occidental, América Latina y el Caribe. Geopolítica Multipolar del Sur Global para la Paz.

Sin lugar a dudas, estamos asistiendo a un cambio de época en el orden económico mundial imperante y el tipo de relaciones internacionales que de él se desprenden, donde la globalización neoliberal unipolar ha degenerado en agudas contradicciones y disputas sobre un proceso de acumulación de capital comandado por el sector financiero especulativo y condicionado por las vertiginosas dinámicas que el desarrollo tecnológico le imprimió al funcionamiento del denominado capitalismo de casino, siendo que la lógica para la obtención de las tasas de ganancia se encuentran cada vez más desvinculadas a la generación de bienestar social para la humanidad. Todo ello, a la par de una progresiva e incesante deslocalización espacial y fragmentación de los procesos productivos, delineadas por las grandes corporaciones transnacionales desde los grandes centros hegemónicos hacia el continente asiático, principalmente.

Como era de esperarse, la profundización de este proceso no ha hecho otra cosa sino ensanchar las brechas en la concentración de la riqueza entre los países desarrollados y el sur global, así como entre los dueños del capital y la pauperizada clase trabajadora a escala mundial. Sin embargo, también ha provocado el surgimiento de una alternativa muy poderosa a la unipolaridad antes mencionada, teniendo a la alianza contrahegemónica ruso-china como el núcleo sólido sobre el cual se ha comenzado a reconfigurar la transición hacia un nuevo orden económico multipolar, resultando fundamental y decisiva la creación, ampliación y consolidación de los BRICS, donde se conjugan poderío económico, poderío militar y desarrollo tecnológico.

En este sentido, los pueblos del sur global debemos sumarnos e impulsar este orden que emerge, de manera que podamos superar no solo los inaceptables niveles de pobreza y desigualdad social existentes en nuestros países, sino asumir con convicción el derecho que nos asiste al desarrollo, creando las mejores condiciones posibles para hacerle frente a las volatilidades y crisis inherentes a las dinámicas económicas propias del sistema capitalista mundial.

Para ello, resulta imprescindible construir nuevos paradigmas contrahegemónicos de integración, dejando atrás los enfoques neoliberales de los TLC fundamentados en aspectos esencialmente comercialistas y bajo la supremacía de la competitividad entre sus miembros, construyendo propuestas alternativas que incorporen orgánicamente la solidaridad, cooperación y beneficio compartido, en función de los perfiles económicos de cada uno de los países involucrados.

Así, el alcance de estos esquemas debería trascender la mera integración comercial, reivindicando el carácter social de una economía cuyo eje central es la producción de bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas.

Estas situaciones solo se podrían enfrentar aprovechando las fortalezas y potencialidades conjuntas que podamos desarrollar como bloques, de manera que estemos en condiciones de superar con éxito las enormes complejidades que conllevan asumir este tipo de propuestas que desafían el orden mundial establecido, cuyos múltiples y permanentes obstáculos buscarán hacerlas inviables y evitar su consolidación.

Entre otros aspectos, debemos atender las asimetrías existentes y el menor desarrollo relativo de nuestras economías, a través de un trato diferenciado en la conformación de matrices productivas consolidadas, con miras a su progresivo escalamiento, en la medida en que las circunstancias determinen las sucesivas incorporaciones de los distintos aparatos productivos. Ello, a su vez, redireccionando estratégicamente la oferta exportable hacia nuestros propios países, creando las condiciones para su efectiva ocurrencia y generando un círculo virtuoso que se retroalimente y avance hacia la construcción de la soberanía productiva.

Siendo entonces que el diseño de este nuevo tipo integración debe descansar sobre la dimensión productiva, todos los sectores de la economía deben sumarse y tributar directamente a este superior propósito, mediante la conformación de redes de encadenamientos signados por la complementariedad.

Así, los aspectos comerciales, monetarios, financieros, tecnológicos y logísticos deben engranarse de manera tal que apuntalen a su desarrollo, fortaleciendo además nuestras capacidades negociadoras en el escenario internacional, muy especialmente en los aspectos claves donde tengamos debilidades estructurales y necesariamente tengamos que relacionarnos en las mejores condiciones posibles con los países del norte global y los organismos internacionales que los sustentan.

En este sentido, las políticas comerciales deben estructurarse en función de los distintos eslabones que conforman los encadenamientos productivos, asumiendo que, en modo alguno, ellos se agotan en el relacionamiento intrabloque. En cualquier caso, este proceso debe ir acompañado de los necesarios incentivos fiscales y las inversiones en la infraestructura de soporte que propicien y faciliten su desarrollo.

Para tales fines, resulta necesario construir el mapa económico del sur global y, a partir de allí, explorar los posibles espacios de interés común, formulando proyectos estratégicos conjuntos y fomentando las inversiones asociadas que incorporen las capacidades reales y el enorme potencial productivo aun por explotar.

Un aspecto que resulta consustancial a este planteamiento es la adecuación de los patrones de consumo, precisamente en función de esas capacidades y potencialidades productivas consolidadas, respetando la diversidad cultural de nuestros pueblos y reivindicando la dimensión social del consumo como derecho humano, lo cual implica desmontar las alienantes sociedades consumistas que nos impusieron los países desarrollados, precisamente para que demandemos irreflexiva y compulsivamente los bienes y servicios que ellos producen, a escala mundial. En este sentido, debemos hacer énfasis en la satisfacción de las necesidades básicas, sin que ello suponga una limitación en el alcance de las expectativas propias del mundo de hoy.

En relación al tema financiero, resulta fundamental el diseño de una nueva arquitectura que permita apalancar los proyectos productivos con una visión de desarrollo compartido y bajo condiciones que resulten sostenibles y coadyuven a transformar nuestras estructuras económicas subdesarrolladas y dependientes.

Así, resulta necesario zafarnos de los esquemas de dominación financiera que nos impusieron el FMI, Banco Mundial y demás instituciones internacionales, con el predominio de dinámicas especulativas propias de los mercados bursátiles, en detrimento de los flujos dirigidos a posibilitar las inversiones productivas. En este sentido, bien vale la pena explorar las concepciones e instrumentaciones que sobre el particular contemplan instituciones como el Banco del ALBA, Banco del Sur, Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS y otros de naturaleza similar, donde los capitales y las reservas internacionales de nuestros países se puedan colocar en estas instituciones financieras y, a su vez, sirvan de respaldo a los programas que desde ellas se implementen.

Finalmente, en cuanto al aspecto monetario, resulta impostergable insertarnos en la tendencia indetenible a escala mundial del proceso de desacoplamiento del predominio del dólar como moneda de intercambio y de reserva internacional, realizando nuestras transacciones comerciales y financieras en las monedas que resulten de un rico proceso de diversificación de nuestras relaciones económicas internacionales. Otra vez, propuestas como el SUCRE y otras experiencias regionales son dignas de revisión y consideración, a los fines de calibrar su alcance y viabilidad para su efectiva implementación.

* Camilo Rivero es economista, presidente del Instituto Venezolano de Planificación Aplicada IVPA.