Reflexiones en torno al ejercicio de la ciencia económica en tiempos de revolución bolivariana

Reflexiones en torno al ejercicio de la ciencia económica en tiempos de revolución bolivariana

en homenaje a la Profesora Nora Castañeda

impulsora de la economía solidaria

Cuando muchos (as) asumieron que con la implosión del modelo soviético se impondría el “fin de la historia” y la eternización del sistema capitalista, a escala planetaria y sin ningún tipo de resistencia, en Venezuela se iniciaba una nueva experiencia socialista que reafirma su vigencia para la humanidad, con sus particularidades propias y contextualizada por el mundo de hoy; entendiendo el carácter inédito de toda revolución.

Para identificar los aspectos que explican el complejo proceso dialéctico que hemos venido transitando, debemos extraer la esencia de la venezolanidad en las profundidades de nuestra historia, sintetizada en la doctrina bolivariana y su significado actual. Asimismo, se requiere examinar críticamente las tesis de los (as) grandes exponentes del socialismo, elaboradas en sus respectivas épocas y bajo condiciones muy específicas.

Desde los tiempos de Marx hasta nuestros días, se ha desarrollado un sólido cuerpo teórico para demostrar y desmontar la verdadera razón de ser del capitalismo. Sin embargo, en lo que no se ha podido dar un aporte de similar envergadura es en relación a las características y funcionamiento del tipo de sociedad que deberá sustituirlo, a pesar de los extraordinarios esfuerzos realizados y experiencias habidas.

Donde resulta más evidente esta debilidad ha sido en el terreno de la economía, convirtiéndose en el principal reto para los (as) estudiosos (as) de esta ciencia social que tenemos inclinaciones o convicciones revolucionarias.

Es aquí donde se presenta una disyuntiva de enormes dimensiones, ya que cuando intentamos ofrecer algunas opiniones, propuestas o medidas sobre distintas temáticas, solemos terminar entrampados entre unas posiciones políticas e ideológicas auténticamente transformadoras y un pensamiento económico esencialmente conservador del orden imperante.

Pareciera que no tenemos conciencia o nos costara reconocer que en realidad hemos sido formados “científicamente” y con todo un instrumental técnico para comprender, justificar y reproducir la lógica del capital, bajo la impronta de la visión liberal en la teoría económica.

El principal contrabando ideológico que nos tiene en un callejón sin salida, se refiere al modo de pensar y actuar propio de la cosmovisión occidental capitalista, aceptado pasivamente bajo el abstracto y ahistórico concepto del homus económico y la racionalidad de su comportamiento, según la cual los agentes económicos toman libremente decisiones utilitarias, siempre en función de sus propios intereses.

Sobre esa premisa se ha estructurado toda una línea de pensamiento que acepta la eficiencia y autorregulación de los mercados, mediante una especie de mano invisible que, a partir de la competencia, logra el equilibrio en la asignación de recursos y, con ello, no solo la maximización del beneficio personal, sino de toda la sociedad.

Nada más alejado de una dinámica actual, donde los mercados están plenamente dominados por las grandes corporaciones transnacionales a nivel mundial, con unos niveles de concentración y desigualdad jamás vistos en la historia de la humanidad.

¿Qué hacer para resolver estas contradicciones, que impiden marchar en la dirección deseada? Comenzar por admitir su existencia, cuestionar la formación “académica” que de manera encubierta nos impusieron y emprender un camino hacia la descolonización en la producción de conocimientos; a los fines de construir el sistema económico socialista del siglo XXI que le proporcione viabilidad política a la revolución bolivariana.

Esto pasa por reivindicar el carácter social de la economía, lo cual supone su democratización y humanización, como instrumento para lograr una sociedad organizada a partir de la solidaridad, sustituyendo el paradigma occidental del bienestar individualista por el Buen Vivir, como nuevo modo de vida civilizatorio; así como reafirmar un enfoque productivo fundamentado en el trabajo, erradicando las perversas y nocivas prácticas financiero-especulativas que predominan en el capitalismo de casino contemporáneo.

La clave para abordar y desarrollar este planteamiento debe girar en torno a la consolidación de la democracia participativa y corresponsable, que convierta al pueblo en poder popular y de sujeto social al actor económico medular del sistema, con un conjunto de valores y una nueva racionalidad en función del interés colectivo.

Esto solo será posible si creamos las condiciones para provocar su insurgencia, a partir de unos elevados niveles de conocimiento, conciencia, organización y compromiso revolucionario. Si la soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, su alcance debería abarcar también todos los ámbitos de la actividad económica.

Tenemos que ser capaces de superar un decadente modo de producción, cuyo fin supremo es la generación e injusta apropiación de la plusvalía empresarial y que reduce la vida humana a la simple condición de mercancía, aprovechando la crisis orgánica que atraviesa para trazar las estrategias que nos permitan planificar su transición histórica.

El Ché afirmaba que no se puede construir el socialismo con las armas melladas del capitalismo, para lo cual era absolutamente necesaria la creación del hombre (y la mujer) nuevo. A su vez, y parafraseando al maestro Simón Rodríguez, no puede haber socialismo sin socialistas. Ambos planteamientos son perfectamente válidos para los (as) economistas que pretendemos incorporarnos a esta trascendental obra humana.

En tal sentido, convocamos a una necesaria reflexión colectiva en torno a estas y otras consideraciones, de manera que podamos estar a la altura de las expectativas de un pueblo del cual formamos parte y que cuenta con nosotros (as) en su largo y difícil proceso de liberación.

Asumir esta responsabilidad histórica se convierte en un impostergable e ineludible desafío intelectual. El debate está abierto…

Camilo Rivero

Economista

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